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Lo digital es exacto como el cuarzo y preciso como el acero. Ésta es su belleza. Lo digital es limpio. El cuarzo alinea en sus aristas mundos transversales de colores calientes e ignotos, y el acero percute en su refulgente aleación imágenes prístinas, duraderas, formulaciones de líneas y perfiles jamás soñadas. El esteticismo digital es otro camino, cuyas posibilidades infinitas desarrolla como nadie Jorge Rafael Marruecos: una distribución novedosa del color, líneas que se conforman a la manera de una incesante entropía, el laberinto holístico de tonalidad y forma sin principio ni fin. Con Jorge Rafael Marruecos entramos, efectivamente, en la Pintura de luz; propiamente.
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