Un calidoscopio, si observamos bien, no es más que la esquematización de un jardín soñado. Los espejos son el agua retenida, que copia diseños humanos en caprichosa proporción de objetos fungibles. Y ahí tenemos su “Torsión anatómica II”, un torso que parece de jade fundido, o bien el reflejo en el acero de un cuerpo deslizante e iridiscente. Es la potencia, la energía corporeizada, vital, en humano movimiento.